Imaginación activa + Astrología

A veces notamos que el inconsciente lleva la dirección con un designio secreto. Es como si algo nos estuviese contemplando, algo que no vemos pero que nos ve, quizás el Gran Hombre que reside en el corazón, que nos dice su opinión acerca de nosotros por medio de los sueños.

Carl Jung, médico, psiquiatra y pionero en la investigación de la psicología profunda, sentó las bases de su teoría luego de sus años de desorientación espiritual. Ante algunos sueños y visiones, y frente a la irrupción desmedida de lo inconsciente comienza su viaje por el inframundo, su “enfermedad creativa”. En su libro Recuerdos, sueños, pensamientos, confiesa su confusión y desconcierto ante el aluvión de imágenes que lo atormentaban. En 1912 durante Navidad, comenta que tiene un sueño que sólo más tarde comprendería. “Lo único que podía decir acerca del sueño era que mostraba una extraordinaria vivificación del inconsciente. Pero no conocía ninguna técnica para poder examinar a fondo el proceso interno. (…) Finalmente tuve que rendirme. No me quedaba otro recurso que esperar vivir más y prestar atención a mis fantasías.”[1]

Luego prosigue con su relato: “Los sueños me impresionaban, pero no podían ayudarme a vencer mi sensación de desorientación. Por el contrario, vivía como bajo una opresión interior. Con el tiempo se hizo tan fuerte que supuse debía existir en mí un trastorno psíquico. Por dos veces repasé todas las particularidades de mi vida, especialmente los recuerdos de mi infancia; pues creía que quizás había algo en mi pasado que pudiera considerarse como causa de mi trastorno. Pero la ojeada retrospectiva resultó infructuosa y tuve que aceptar mi ignorancia. Me dije: «No sé en absoluto lo que hago ahora, ni lo que me sucede.» Así pues, me abandoné conscientemente a los impulsos del inconsciente.” [2]

Por ese entonces Jung se dedicaba en sus tiempos libres a jugar con piedritas y barro, construyendo libremente como un niño aquello que su imaginación le indicara. De este modo permitía que fluyera su fantasía liberando así su inconsciente. “El edificar no era más que el principio. Desencadenó un alud de fantasías que luego anoté cuidadosamente”,[3] comenta Jung en su autobiografía. Más tarde dejaría en forma manuscrita y dibujada toda su exploración con las imágenes activas en los llamados Libro Negro y Libro Rojo (de reciente edición). Finalmente, gracias a la plasmación de dichas imágenes y a una técnica que empleó intuitivamente para con él mismo, consiguió no hundirse plenamente en una psicosis. A esta práctica de atención consciente la denominó “imaginación activa”. Más tarde la recomendaría y utilizaría para colaborar con el proceso de individuación de sus pacientes, proceso que procura desplegar la totalidad del ser a partir de la desidentificación de los moldes colectivos e inclusión de las diferentes partes de la personalidad.

¿Con qué fines se emplea esta técnica?

La cultura plenamente centrada en el ego y la primacía del deseo consciente, poco toma en cuenta los designios del inconsciente. Suponemos que nuestros ojos físicos todo lo ven, sin embargo es sabido que en infinitas ocasiones logramos obtener mayor lucidez y discernimiento al prestarle mayor atención al “Gran Hombre que reside en el corazón”, aquel que no habla a través de la razón. Dice Carl Jung: “A veces notamos que el inconsciente lleva la dirección con un designio secreto. Es como si algo nos estuviese contemplando, algo que no vemos pero que nos ve, quizás el Gran Hombre que reside en el corazón, que nos dice su opinión acerca de nosotros por medio de los sueños.” [4]

La realidad como la conocemos -dicen los budistas- es maya, es decir, se encuentra distorsionada por los “ojos” que la ven. Por otro lado, con el nacimiento de la psicología profunda, se descubre que gran parte de nuestras conductas se encuentran condicionadas por nuestro inconsciente. Carl Jung, quien además de psiquiatra, fuera un estudioso de las religiones y filosofías orientales, al examinar sus sueños y los de sus pacientes, llega a la misma conclusión que los antiguos meditadores: nuestro sentido de identidad se halla distorsionado y nuestras acciones, deseos y pensamientos no son otra cosa que automatismos que surgen de la memoria colectiva, el gran océano contenedor de los arquetipos; ideas primordiales comunes a toda la humanidad con su raíz en los instintos.

Jung entendía por psique la totalidad de nuestro ser, consciente e inconsciente. Desde su teoría, la salud psíquica implica una homeostasis entre los opuestos: lo subjetivo y lo objetivo, lo femenino y lo masculino, etc. Por consiguiente, la observación lúcida de los símbolos que surgen tanto en el proceso de imaginación activa como en los sueños, son paradójicamente un puente hacia el despertar. Es decir, este proceso revela nuestro lado oculto, desconocido o reprimido y a su vez posibilita su integración. “Mediante este procedimiento se le aclara a uno el significado de muchas cosas. Entiende por qué se ena­moró de esa desconocida, y que gran parte del asunto le pertenece; es parte de su pauta y tiene significado para uno, y entonces, porque ahora ya lo entiende, puede ser que deje de lado la fantasía.”[5]

Pero Jung no fue el único en utilizar la imaginación como herramienta. El psiquiatra italiano Roberto Assagioli, quien fuera también discípulo de Freud, observó igualmente que gran parte de las enfermedades mentales son producto de un desequilibrio, desconexión u oposición entre nuestros elementos internos o subpersonalidades, e ideó un método que denominó Psicosíntesis. Las subpersonalidades decía Assagioli, son “satélites psicológicos” que cohabitan dentro de nuestra personalidad global como una multitud y cada uno de ellas posee una condición y una motivación propia (al igual que los complejos de Jung), oponiéndose en forma unilateral a la consciencia. Al igual que Jung, Assagioli propone ejercicios centrados en la visualización que colaboran en la síntesis o cohesión interna y la sensación de dominio sobre los procesos psicológicos.

¿Cómo funciona y de qué modo puede ser aplicada?

El proceso de imaginación activa comienza con una pequeña relajación. Luego continúa con la contemplación de algún símbolo proveniente de un sueño o de las fantasías que surgen espontáneamente. Las imágenes que se activan se van desarrollando como escenas de una película en la cual la persona participa activamente dialogando con ellas y experimentando las emociones al respecto. El terapeuta puede guiar a la persona de tal modo que ésta intervenga activamente haciéndole determinadas preguntas a las figuras en cuestión, como por ejemplo; ¿qué necesitas?, ¿qué tienes para ofrecerme?, etc. Luego de la visualización es recomendable escribir o dibujar las fantasías, ya que al hacerlo se consigue comprender que se está lidiando con figuras interiores. Lo importante, es que las imágenes suscitadas puedan ser observadas con cierta objetividad, (…) “fantasear sin opiniones y sin condenar lo que la cosa tiene de irra­zonable (…), siempre con la actitud introvertida de observar con objetividad qué es lo que el impulso ne­cesita o desea conseguir”[6], dice M. Louise V. Franz, discípula de Jung.

Desde la visión Astrológica, un individuo nace en un momento y lugar específicos y según las coordenadas espacio-tiempo, en el cielo se constela sincrónicamente un mapa simbólico determinado para esa persona. Esto implica que ese ser deberá explorar determinados arquetipos a lo largo de su existencia, los cuales además se encuentran interrelacionados según un patrón. Este patrón está determinado no sólo por todas las energías de la carta natal, sino también por la manera en la que se irán activando ciertas partes de la experiencia de su personalidad a lo largo de su vida.

Aunque la carta natal en sí es completa e indivisible, la mayoría de nosotros excluimos aquellas facetas de nuestra personalidad que más nos disgustan identificándonos con aquellas partes más conocidas y aceptadas (por nosotros mismos y por los demás). Así se conforman las diferentes subpersonalidades algunas de las cuales se hallan en un estado inconsciente. Esto produce la ilusión de ser solo una parte y no un todo.

Tomando la carta natal como referencia, luego de entrevistar durante algunas sesiones al consultante, el astrólogo con formación junguiana, puede colaborar en la elección de los símbolos a explorar o puede ser el propio consultante quien lo sugiera. Durante los ejercicios de imaginación activa, se interactúa con las diferentes subpersonalidades dejando que la fantasía opere libremente y libere al inconsciente de la represión u coerción ejercida por el yo. Al finalizar cada visualización, las asociaciones personales ayudan a amplificar y revelar el sentido menos visible de los símbolos activados, produciendo el equilibrio homeostático mencionado por Jung.

En resumen, la carta natal colabora en la detección de las subpersonalidades, pero la imaginación activa permite revelar los complejos subyacentes. Por ejemplo; detrás de una subpersonalidad del tipo divertida, aventurera y transgresora, (vinculada a Sagitario y a un Urano fuerte), podría ocultarse un complejo de niño eterno, con un rechazo interior a comprometerse con el momento presente, delatando una gran dependencia materna (su opuesto polar Géminis, Luna y Saturno). Y tras una subpersonalidad del tipo cumplidora o voluntariosa, (relacionada a Capricornio / Saturno), podría esconderse la imagen del niño temeroso de fallar a mamá (la Luna).

Conclusión

El inconsciente es una parte esencial de nuestra psique, pero no es sencillo abordarlo en forma directa. En nuestra cotidianeidad, únicamente a través de ciertos lapsus o actos fallidos se hace más tangible la labilidad del yo y sus máscaras. No obstante, el análisis de los sueños y la imaginación activa son prácticas que sirven para quitar los velos y acercarse a la totalidad perdida. Si esta técnica es utilizada con atención consciente, el corazón abierto y la guía de un buen terapeuta, es posible que se manifieste el “Gran Hombre” o el Sí mismo, (la porción divina que todos llevamos adentro). Y “cuando aparece el Sí mismo, ahí se acaba el hablar. (…) Es el momento en que el conflicto trasciende la discusión verbal y se convierte en una vivencia intuiti­va de la Unidad detrás de la dualidad.”[7]

Nota publicada en la Revista Uno Mismo en Marzo 2012. Prohibida su reproducción sin citar fuente y autor

[1] Carl G. Jung. Sueños, recuerdos, pensamientos.

[2] Carl G. Jung. Sueños, recuerdos, pensamientos.

[3] Carl G. Jung. Sueños, recuerdos, pensamientos.

[4] Carl G. Jung. El Hombre y sus símbolos.

[5] Marie L. Von Franz. Alquimia. Introducción a su simbolismo.

[6] Marie L. Von Franz. Alquimia. Introducción a su simbolismo.

[7] Alquimia. Introducción a su simbolismo. M. L. V. Franz

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