Sobre los hechizos colectivos

En muchas ocasiones, frente a ciertas experiencias nos hallamos fascinados, hechizados y hasta posesos por sentimientos y reacciones “irracionales”. Nos perdemos en los mismos dramas y odiseas que en las películas de Hollywood, o que en los antiguos mitos, sin registrar que lo que estamos haciendo es dar una vez más las mismas respuestas colectivas de antaño.

¿Qué es un hechizo?

El Diccionario Clave de español refiere lo siguiente:

Hechizo:
1 Lo que se utiliza o lo que se hace para conseguir un fin por medios sobrenaturales o mágicos

2 Atracción que provoca admiración o fascinación

Los medios sobrenaturales parecen existir exclusivamente en las películas fantásticas o de ciencia ficción. Por otro lado, la atracción que provoca fascinación podría referirse al enamoramiento. Sin embargo, la fascinación no se produce únicamente desde y hacia la persona amada y la magia se encuentra presente en nuestra acontecer cotidiano. ¿Cuántas veces nos ilusionamos y con la misma fuerza nos decepcionamos frente a alguna situación? ¿Cómo explicamos la atracción o rechazo por ciertas personas? ¿Cómo concebimos el poder que ejercen nuestras emociones sobre nuestra existencia? La ilusión representa una falsa representación de la realidad, algo que sucede frecuentemente en nuestras vidas. Sin embargo, ¿quién sospecharía que los hechizos imperan aún en esta época?

El hechizo no es un producto de gente inculta. El estadio mágico está activo en nosotros desde nuestra primera infancia y en numerosos casos persiste aún en la vida adulta. No hace falta la intervención de una bruja o un mago, ni pócimas secretas para que acontezca. Se trata de un fenómeno habitual aún en el hombre instruido y es un tema clave para la comprensión de lo que nos sucede como personas inmersas en sistemas colectivos.

En muchas ocasiones, frente a ciertas experiencias nos hallamos fascinados, hechizados y hasta posesos por sentimientos y reacciones “irracionales”. Nos perdemos en los mismos dramas y odiseas que en las películas de Hollywood, o que en los antiguos mitos, sin registrar que lo que estamos haciendo es dar una vez más las mismas respuestas colectivas de antaño. Es decir, se trata de aquellas respuestas que el ser humano ha dado y que han quedado registradas en una especie de memoria genética colectiva. Carl Jung, fue quien postuló la existencia de esta memoria genética, el inconsciente colectivo.

El inconsciente colectivo es como un océano del cual surgen las olas. Cada ola comparte con las demás la sustancia primordial que nos hace cumplir determinadas funciones como seres humanos y nos diferencia del resto de las especies. En ese mar del cual partimos, se encuentran los arquetipos. Arquetipo significa primer sello o primera impronta, es decir, un a priori o algo que nos antecede. Este patrón posee su raíz en los instintos; por ejemplo, nos permite nacer con la noción de una madre con pechos para amamantarnos. Esta pauta instintiva es absolutamente necesaria para nuestra supervivencia, pero luego en nuestra vida adulta condiciona de algún modo nuestras acciones, ya que se hallan teñidas de lo que Jung mencionó como participation mystique (participación mística) Esta participación mística, término que principalmente hace alusión al estado del hombre primitivo que no posee una diferenciación entre sujeto-objeto ni tampoco ideas abstractas, también es experimentada por el hombre moderno. Basta con observar los fenómenos de masas para comprender cómo funciona; la atracción irresistible hacia un ídolo, la fascinación por un líder político que promete la salvación o simplemente el abucheo colectivo a un jugador de fútbol que no ha logrado el gol.

Los grandes temas arquetípicos, como por ejemplo, la vida, la muerte, la relación con el sexo opuesto, las figuras heroicas, etc., movilizan en el inconsciente de cada uno imágenes simbólicas de la historia del espíritu humano. Estas identificaciones son las que poseen y perturban al hombre, que inmerso en un estado de inconsciencia, no obstante cree ser un individuo aparte. “El hombre de cultura se cree, claro está, inmensamente elevado por encima de esas cosas. Pero a menudo se halla, durante su vida entera, identificado con los padres, identificado con sus afectos y prejuicios, y afirma del otro, impúdicamente, lo que no quiere ver en sí mismo.”[1]

En virtud de esa inconsciencia continua Jung, el ser humano “(…) es afectado mágicamente por incontables hombres, cosas y circunstancias, o sea, incondicionalmente influido; está colmado casi tanto de contenidos perturbadores como el primitivo, y por consiguiente emplea igual cantidad de magia apotropéyica. Pero sus prácticas mágicas no las realiza más con bolsitas medicinales, amuletos y sacrificios animales, sino con remedios para los nervios, neurosis, ilustración, cultos de la voluntad, etc.” [2] Así es como el adormecimiento colectivo atrae como un imán a la mayor parte de la humanidad, la cual adherida e identificada con aquella fuerza, permanece en un estado de sueño vigil en el cual pierde contacto con la fuente real de su alma.

Del Instinto hacia la voluntad

Según Carl Jung, el ser humano es capaz de emanciparse y diferenciarse de este a priori, esta fuerza que al tener su raíz en lo instintivo cumple su tarea en términos fisiológicos y vitales. Existe una cantidad de energía libre o voluntad que puede oponerse a la parte inferior de la psique, pero para ello es necesario percatarse de la “reacción todo o nada”, es decir, del carácter compulsivo e inconsciente de muchos de nuestros actos. Esto supone liberarse de la esfera instintiva para acceder a otros niveles en lo cuales las funciones se encuentran más accesibles a la voluntad.

¿Pero cuál es la clave para emerger del hechizo? Si se logra tomar en cuenta las exigencias del inconsciente “(…) el centro de gravedad de la personalidad no es más el yo, que es un mero centro de conciencia, sino un punto, por así decir, virtual entre lo consciente y lo inconsciente, al que cabe designar como sí-mismo. Si se logra tal trasposición, el resultado es la anulación de la participation mystique (…)”.[3]

Librarse del hechizo comprende entonces la ardua tarea de conocerse a sí mismo. Este proceso denominado individuación, exige romper con moldes, estructuras, mandatos, y en consecuencia, alejarse de la manada. Pero el mayor desafío posiblemente sea el de confrontar con la propia sombra, la parte negada y reprimida en nosotros. Todos sabemos lo doloroso que resulta verse a uno mismo y a los demás al desnudo, sin máscaras.

No obstante cuando ya no hay muletas de las cuales asirse, ni nadie a quien acusar de los propios males, nuestros condicionamientos quedan al descubierto. En ese preciso momento caen los velos y se evidencia el hechizo. Ya no existe otra salida más que considerar al inconsciente como parte primordial de nuestra psique y reconocer que existe un centro regulador que no cumple necesariamente las expectativas del ego, sino las del alma. Acaso ese sea el mayor desafío en la era de Neptuno transitando por el signo de piscis.

Neptuno, el maestro de los hechizos

¿Por qué se considera a Neptuno el maestro de los hechizos? El sentido más profundo de la función Neptuniana es el amor universal, la conciencia en la unidad con todas las formas de existencia. Y para conseguir su objetivo es preciso que las fronteras del yo se disuelvan, que sucumban las máscaras. Por lo tanto Neptuno esfuma la barrera entre lo subjetivo y lo objetivo, sensibiliza, y relaja la conciencia. Es habitual que el inconsciente invada al consciente, trayendo sueños, pero también ilusiones, hechizos colectivos y una mayor proyección en el afuera de contenidos inconcientes, es decir una propensión a ver lo propio en lo ajeno. En este sentido Neptuno puede confundir y quienes tengan un tránsito de Neptuno también pueden sentirse “colgados” o suspendidos.

El 4 de febrero del 2012 Neptuno ingresó en el signo de piscis y permanecerá allí hasta principios del año 2026. A nivel colectivo este tránsito amplificará las cualidades que mencioné anteriormente, y ciertamente habrá un aprendizaje con esta energía. Al igual que en su anterior estadía en piscis, durante los años 1847 a 1861, es factible que surjan inclinaciones hacia lo espiritual y al amor universal. Sin embargo, como la función neptuniana es una de las más incomprendidas, es posible que el hechizo sea una de sus posibles manifestaciones. Detrás de la vivencia de unidad, pueden esconderse falsas ilusiones, pseudo gurúes, proyecciones masivas, y una invasión de contenidos inconscientes aún no resueltos por la humanidad.

Desde su descubrimiento en el año 1846, es la segunda vez que este planeta transita por el signo de piscis. En esta ocasión, tendremos una vez más la oportunidad de retornar al vasto océano con el fin de aprender a diferenciar la voz interior de las voces colectivas y recordar nuestra propia esencia, más allá de la trama arquetípica de la cual formamos parte.

Nota publicada en la Revista Uno Mismo de Abril 2012. Todos los derechos reservados. Autora Bárbara Levis Stewart.Prohibida su reproducción sin citar fuente y autor.

[1] Carl Jung – Richard Wilheim. El secreto de la flor de oro

[2] Carl Jung – Richard Wilheim. El secreto de la flor de oro
[3] Carl Jung – Richard Wilheim. El secreto de la flor de oro

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