La multitud interior

No estamos unificados; a veces creemos que lo estamos, porque no tenemos muchos cuerpos ni muchos miembros, y porque normalmente una mano no choca con otra. Pero, en sentido metafórico, esto es exactamente lo que pasa dentro de nosotros. Hay varias sub personalidades que están en una continua disputa (…).

Hace más de veinte años una canción llamada  “Te quiero”, pasó a la historia por su popularidad e incluso formó parte de la publicidad de una famosa gaseosa. Mario Benedetti, creador del poema cuyo verso decía: “en la calle codo a codo somos mucho más que dos”, fue quien inspiró a las autoras de su música.   ¡Cuan ciertas las palabras de Benedetti! Acompañados o en soledad somos mucho más que dos, somos una multitud interior.

Sé que aunque esta idea suene simpática, puede sin embargo inquietar a más de uno. Falsamente suponemos ser personas unificadas porque durante nuestra infancia somos definidos por nuestros padres, maestros, y vínculos más cercanos con roles o rótulos que luego utilizamos como máscaras para movernos en sociedad. “Eres el más inteligente de la familia”, quizás haya dicho un padre a su hijo en reiteradas ocasiones desde su infancia. Este enunciado tal vez ocasione un mandato inconciente sobre el niño, quien deseando cumplir con las expectativas del padre se enfrenta al mundo con la máscara del intelecto, “eligiendo” ciertas partes de sí en detrimento de otras. No obstante la multiplicidad interior  continúa actuando desde  las sombras. Basta con observar cuan rápidamente solemos cambiar nuestra visión del mundo según nuestros estados anímicos y mentales.

En los viejos dibujos animados esta idea se encontraba representada por dos personajes, un pequeño ángel y un pequeño demonio en situación de conflicto. Pues bien, esto que estaba tan graciosamente caracterizado no solo daba cuenta de nuestra parte “buena” y nuestra parte “mala”, sino de la exteriorización e identificación de al menos dos rasgos contrapuestos de la personalidad. Se trata de nuestras características y actitudes, las cuales a veces confrontan entre sí. “No estamos unificados; a veces creemos que lo estamos, porque no tenemos muchos cuerpos ni muchos miembros, y porque normalmente una mano no choca con otra. Pero, en sentido metafórico, esto es exactamente lo que pasa dentro de nosotros. Hay varias subpersonalidades que están en una continua disputa: Impulsos, deseos, principios, aspiraciones, están enredados en una lucha incesante”.[1]

¿Qué son las subpersonalidades?

Las subpersonalidades son satélites psicológicos dice Piero Ferrucci [2], como una multitud de vidas dentro del conjunto global de nuestra personalidad. Cada una de ellas posee una cohesión interna, deseos y motivaciones propias, lo cual a veces produce conflicto con las demás.

Podemos imaginarlas como pequeños personajes internos con características y motivación propia, algo que muchas veces perturba y ocasiona más de una neurosis. En efecto, aunque nuestro yo posea la función de cohesionar nuestras diferentes partes y mantenga la firme creencia en su unilateralidad, se trata de una ilusión. En nuestro interior quizá coexista el conservador con el revolucionario, o el constructor con destructor. Solo hace falta que alguna tecla active ese sector de nuestra psique para que reaccionemos desde algún patrón inconsciente y por lo tanto inadvertido para nosotros.

Si por ejemplo nos sentimos identificados con nuestra subpersonalidad conservadora, pero en nuestra personalidad global también habita un pequeño revolucionario, habrá veces en las cuales tal como en los dibujos animados, una nubecita se elevará sobre nuestra cabeza junto con este personaje dejándonos en un estado de pérdida de libertad. Es como si por un momento estuviéramos poseídos y a merced de ese personaje, pero sin estar consciente de ello. Cada vez que tratamos a alguien que se halla en este estado probablemente nos preguntemos: ¿Qué demonios le pasa?

Cuando comenzamos a reconocer a ambos personajes como propios es posible que conozcamos y comprendamos mejor sus motivaciones, sus deseos y en el mejor de los casos ambos puedan conversar hasta llegar a un acuerdo. Pero si desatendemos sus necesidades, alguno de ellos permanecerá en las sombras adquiriendo cada vez más poder.

Habitualmente no solemos tomar conciencia de este estado de dominación y nuestra mente va vagando de identificación en identificación; “siento ganas de llorar”, “siento ganas de gritar”, “siento ganas de callar”, etc. No obstante es posible obtener una visión panorámica de todo el contenido de la personalidad como si fuéramos el director de nuestra propia orquesta, pero para llegar a ese estadio lo primordial es aprender a observarnos con cierto desapego. Es decir, al atender conscientemente a estos personajes y reconocerlos como partes de nuestra psique, logramos que la totalidad de nuestra personalidad se encuentre a nuestra disposición. Así, en ciertos momentos me comportaré conscientemente como “el conservador” y en otros seré “el revolucionario” hasta que “el conservador” comience a beneficiarse de algunos rasgos de “el revolucionario” y viceversa. A este proceso se lo denomina descongelación, ya que las subpersonalidades se funden tal como si fueran cubitos de hielo en fase de derretimiento.

¿Cómo reconocer las subpersonalidades?

Si bien lo recomendable es realizar esta exploración con la guía de alguien calificado, es probable que al leer este artículo ya hayas tomado conciencia de algunas de tus subpersonalidades. Para revelarlas, es primordial la auto observación en lo individual y también en lo vincular, ya que muchos de estos rasgos son proyectados y no conscientes. Por lo tanto te sugiero que también atiendas a las emociones o reacciones que te provocan determinadas personas o a los rasgos de personalidad que sueles criticar más en los demás. Estas características puede que también te pertenezcan.

Para comenzar con la indagación te invito que elijas algún rasgo de personalidad e intentes imaginarte que forma tiene. No intentes juzgar y acepta cualquier imagen que se presente espontáneamente. Registra si está representado por una persona, un objeto o un animal e imagina como se comporta, que desea y que tiene para decirte. Una vez realizada la visualización es muy útil designarle un nombre, puede ser un nombre propio, un adjetivo o cualquier denominación que te ayude a distinguirla. También te sugiero que dibujes o tomes nota de tu experiencia.

Otro ejercicio consiste en visualizar más de una subpersonalidad (dos o tres) interactuando entre ellas. Te sugiero nuevamente que las observes sin juzgar y prestes atención a la forma en la que se comportan. ¿Se relacionan entre sí? ¿Cómo lo hacen? ¿Alguna domina a otra? Esta práctica te dará la pauta de los posibles complejos que te aquejan; aquellos nudos que impiden el adecuado equilibrio de tu alma o energía vital. Además, al realizar estos ejercicios más de una vez, es probable que con el tiempo se produzca el descongelamiento y tus subpersonalidades muten o adquieran parte de las características de alguna otra.

Las subpersonalidades en la carta natal

La carta natal de una persona es el reflejo de su personalidad global, la cual incluye también su relación con el mundo que la rodea. En este sentido la astrología es una poderosa herramienta de diagnóstico que revela no solo la relación de la persona con su entorno, sino también las subpersonalidades que habitan en su interior, y también el posible conflicto entre ellas.

Como todo mandala (círculo sagrado), la carta natal contiene en sí un centro integrador, tal como si se tratara de un compás que desde un punto fijo gira dibujando el círculo. Podemos nuevamente imaginarlo como el director de orquesta que con su batuta transforma el sonido de cada instrumento en una melodía. No obstante, al nacer vamos olvidando la existencia de aquel punto central perdiendo de vista a nuestro verdadero director. Es así que en incontables ocasiones la melodía se convierte en ruidos desagradables. Este bullicio en general aparece cuando algún tránsito de un planeta activa ciertas zonas sensibles. Cada vez que esto sucede habitualmente entramos en crisis, lo cual es una verdadera oportunidad para abordar la subpersonalidad desconocida y posiblemente proyectada.

Pero la verdadera integración se logra a través de la exploración de los símbolos en forma vivencial. Esta metodología, experimentada y practicada tanto por Carl Jung como por Roberto Assagioli, logra producir los cambios de perspectiva necesarios que suscitan saltos evolutivos en las personas. A su vez, desde esta perspectiva la astrología moderna también se revela como un conocimiento dinámico, creativo, y espiritual distando de la antigua astrología medieval de carácter predictivo oracular.

La tarea del astrólogo con orientación Junguiana consiste en acompañar al consultante en su proceso de descongelamiento. Se trata de un proceso no solo racional, ya que como bien afirmó Jung; los contenidos inconscientes pueden ser integrados solamente cuando han sido comprendidos no solo intelectualmente sino también desde el sentimiento. Una tarea compleja que como en todo proceso terapéutico, requiere no solo del firme compromiso y acompañamiento del astrólogo, sino también del valor y coraje del consultante.

Nota publicada en la Revista Uno Mismo de Junio 2012. Todos los derechos reservados. Autora Bárbara Levis Stewart.Prohibida su reproducción sin citar fuente y autor.

[1] Piero Ferrucci. Psicosíntesis

[2] Roberto Assagioli. Citado por Piero Ferrucci en Psicosíntesis

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