¿Qué es la proyección?

Al igual que una figura que arroja su sombra en el suelo, proyectamos hacia afuera todo aquello que reprimimos, negamos  o desconocemos en nosotros y atribuimos a otro/s lo que en definitiva nos pertenece.

Imaginemos los inicios del cine, cuando con curiosidad, asombro y algo de temor, la gente contempló por primera vez una fotografía en movimiento sobre una pantalla. Esta nueva expresión artística y tecnológica probablemente generó una mágica fascinación en los espectadores. ¿Cómo era posible esa ilusión?

¿Era real lo que veían? ¿Cómo podría una simple tela recibir la proyección de una imagen en movimiento? Si bien actualmente  conocemos cómo funciona la tecnología cinematográfica, algunos de sus contenidos continúan provocando el mismo hechizo e impacto emocional en nosotros.Al igual que una película que es proyectada sobre una pantalla, a veces dirigimos o reflejamos un impulso o sentimiento  sobre algo o alguien. La psicología se apropió del término proyectar para denominar un mecanismo, que en su modalidad se asemeja a la imagen proyectada sobre la pantalla de un cine o televisión y a la fascinación que esta produce.  Carl Jung definió a la proyección como una transferencia inconsciente, o sea involuntaria,  de contenidos psíquicos sobre un objeto externo. Al igual que una figura que arroja su sombra en el suelo, proyectamos hacia afuera todo aquello que reprimimos, negamos  o desconocemos en nosotros y atribuimos a otro/s lo que en definitiva nos pertenece. Puede tratarse de algún rasgo de carácter que nos incomoda o que incluso hemos cohibido tempranamente. Para que esto suceda la persona “pantalla” opera como un gancho. Es posible que posea esa cualidad a la cual acusamos o incluso admiramos, pero solo en una pequeña medida. En consecuencia, la persona en la cual depositamos nuestras proyecciones se convierte en portadora de los atributos más terribles o maravillosos y aquel que perpetúa este mecanismo desconoce que ese otro en realidad es una imagen simbólica o imago, como la denominó Jung, de su propia sombra. Esta imago dice Jung, consiste en una imagen que existe al margen de todas las percepciones y, no obstante, es alimentada por éstas.

Tipos de proyección

Para el hombre normal (primitivo y no neurótico), dice Jung, el centro de todas las infamias se encuentra siempre a una distancia de varios kilómetros detrás de las líneas enemigas. Por eso las proyecciones más habituales son las que realizan la mayoría de los seres humanos a nivel colectivo. Por ejemplo, sobre alguna creencia o religión diferente a la suya, un país con otra cultura, un político, etc. En muchos casos estas figuras externas se convierten en chivos expiatorios cargados con todos los pecados capitales y como dijo Carl Jung, la existencia real de un enemigo es un innegable alivio para la conciencia. Muchas de las guerras, expresiones xenófobas, o manifestaciones del tipo “anti” son un claro ejemplo de ello.Por otro lado, el neurótico según Jung, no consigue impedir que las proyecciones nefastas operen también en los vínculos más próximos. “Esto le fuerza a darse cuenta de sus proyecciones primitivas con una agudeza mucho más intensa que la que tiene el hombre normal.”1 En estos casos,  la proyección más común es el enamoramiento. Cuando nos enamoramos proyectamos nuestra ánima (imagen femenina interna) o nuestro ánimus (imagen masculina interna) en el ideal o imagen interna de hombre o mujer. Mientras las mutuas proyecciones operan en forma positiva la relación continúa sin problemas. Sin embargo, en cuanto las proyecciones se tornan negativas o nefastas, comienzan los conflictos. “El anima cuando se proyecta es responsable de que el hombre ame u odie. Uno ha encontrado la propia imagen del alma, la mujer única e ideal, o por el contrario una perra absolutamente insoportable. Ambas reacciones resultan fascinantes e irresistibles. En tales situaciones tiende a haber un elemento compulsivo con el que no podemos tratar y del que tampoco podemos librarnos. Si sencillamente se trata de que la mujer en cuestión es tan maravillosa o tan horrible, podríamos amarla o dejarla. Pero si no podemos hacer ninguna de las dos cosas, entonces estamos bajo el hechizo del arquetipo.”2 Además, cuando estas proyecciones se vuelven conscientes comienza otra  serie de dificultades; el hechizo se desvanece y surge entonces el des enamoramiento y el desencanto por el ser anteriormente amado.

La proyección y la astrología

Los orígenes de la astrología fueron de orden proyectivo y por tal motivo se la ha tildado erróneamente de mágica y absurda. El hombre primitivo al observar el cielo vio figuras (constelaciones) y planetas, a los cuales denominó con los nombres de sus dioses.  En consecuencia proyectó en ellos los contenidos psíquicos del inconsciente colectivo, otorgándole un poder, el mismo poder que  emana de los arquetipos cuando no somos conscientes de ellos.  La astrología moderna con orientación psicológica ya no cree en la influencia “mágica” de los planetas, sino por el contrario se basa en la ley de correspondencia y universalidad. Somos polvo de estrellas y en el universo todo se encuentra inter conectado, “como es arriba es abajo y como es abajo es arriba”3, afirma una ley hermética.  Y tal como expresa un proverbio bastante popular entre algunos astrólogos; “los astros inclinan pero no obligan”. ¿Qué significa esto? En el hombre primitivo, no había diferenciación entre el objeto y el sujeto, es decir entre la experiencia interna y la externa, (estadio mágico). En este estadio “animales y plantas se conducen entonces como hombres, los hombres son simultáneamente animales, y todo está animado con espectros y dioses”4. Bajo esta indiferenciación,  la configuración natal no dejaba un margen para la autonomía o libre albedrío.

Actualmente el ser humano ha evolucionado y aunque todavía ostenta un alto grado de inconsciencia, una vez cubiertas sus necesidades básicas, posee una cantidad de energía libre o voluntad que puede oponerse a la parte inferior de la psique, al carácter compulsivo e inconsciente de muchos de sus actos. Esto supone por ejemplo que dos personas con la misma carta natal puedan manifestar su energía y vivir su vida de manera distinta de acuerdo a su estadio evolutivo. Esta diferencia se vincula con el grado de integración de los contenidos psíquicos anteriormente proyectados. Para ello es primordial comprender que los planetas, signos y configuraciones, al igual que muchas de nuestras proyecciones son Imagos de nuestras manifestaciones psíquicas, es decir una representación simbólica de nuestra forma de mirar el mundo. Cuando tomamos conciencia de ello,  el contenido anteriormente proyectado pierde su carácter originalmente mágico y dominante y la astrología se convierte en una herramienta para nuestra individuación y crecimiento espiritual.

Conclusión

“Los contenidos inconscientes aparecen siempre primero como proyectados hacia fuera y, en el transcurso del desarrollo espiritual, son paulatinamente asimilados, perdiendo entonces su carácter originalmente autónomo y personal.”5 Por consiguiente, no advertimos que proyectamos hasta que no nos reconocemos en la imagen que nos devuelve el espejo. Retirar la proyección sería algo como recuperar la imagen que hemos transferido a otro, reconocer su valor simbólico  y finalmente asumir conscientemente esa cualidad. Esto no resulta nada sencillo ya que nuestra identidad se ve amenazada y porque además tendemos a juzgar a los otros desde nuestra propia visión del mundo, la cual suele ser estrecha y unilateral. Advertir nuestras proyecciones puede ser doloroso y requiere una mirada profunda hacia nuestro interior. En conclusión, si deseamos ampliar nuestra conciencia e individuarnos,  la única vía posible es la del auto conocimiento, un camino que implica encontramos con nuestras zonas oscuras.

Nota publicada en la Revista Uno Mismo en Octubre 2012. Prohibida su reproducción sin citar fuente y autor

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