El factor desconocido

Aunque el hombre actual con sus adelantos científicos y tecnológicos cree ser un ser superior muy alejado de su antecesor el hombre primitivo, aún en estos tiempos, es un verdadero enigma para sí mismo. Sin siquiera percatarse, proyecta en el afuera sus contenidos inconscientes manteniéndose inmerso en el estadio mágico.

¿Qué nos deparará el futuro?

Desde tiempos remotos el hombre se ha hecho esta pregunta y casi con desesperación ha buscado el modo de contestarla. Lo desconocido causa ansiedad, temor y en consecuencia surge la idea de  controlar o prever nuestro futuro, ya sea a través de diversas artes mánticas o simplemente  creando moldes o estructuras que nos contienen idealmente dentro de “lo conocido”, evitando con ahínco cualquier situación de cambio o incertidumbre. El vacío provoca angustia y la mente necesita organizar, sistematizar con el fin de crear la ilusión que algo se fije. Por su lado los moldes son como fronteras que nos definen, otorgándonos la sensación de eterna estabilidad. Con el tiempo van concentrando energía y poder, por eso si los dejamos caer, la sensación puede ser de pérdida.

Es posible que en la actualidad se esté produciendo una especie de aceleración de ciertos procesos, por ello observamos con asombro como nada permanece por largo tiempo. Sin embargo este fenómeno colectivo, en ocasiones suele provocar una reacción adversa; mayor control, neurosis varias, proyecciones colectivas, supersticiones, ilusiones etc. Como dijo  Carl Jung; “Históricamente el hombre eleva sus ojos con ansiedad hacia el futuro y multiplica sus utopías, visiones anticipatorias y apocalípticas, principalmente en tiempos de malestar físico, político, económico y espiritual.”[1] Igualmente a nivel personal, en momentos de crisis e incertidumbre, anhelamos encontrar respuestas “mágicas” en el afuera proyectando  nuestros impulsos infantiles de carencia y necesidad de protección.

Aunque el hombre actual con sus adelantos científicos y tecnológicos cree ser un ser superior muy alejado de su antecesor el hombre primitivo, aún en estos tiempos, es un verdadero enigma para sí mismo. Sin siquiera percatarse, proyecta en el afuera sus contenidos inconscientes manteniéndose inmerso en el estadio mágico.  Por este motivo necesita de todas los artificios posibles (aún el hombre más racional), para aquietar y calmar las aguas del inconsciente  que acechan bajo la superficie.

Si bien antiguamente se asociaba a la magia con aquellas creencias, ritos, procedimientos e instrumentos que pretendían a través de la invocación de fuerzas sobrenaturales dominar o controlar a la naturaleza, también el Mago como iniciador chamánico, era aquél que introducía a otros a un nuevo nivel de realidad, ya que como iniciado o chaman ostentaba ciertas enseñanzas espirituales que le habían sido transmitidos por otro Mago. Sin embargo aún hoy en día estos dos conceptos suelen confundirse; intentar conocer el futuro para controlar la realidad (como a la naturaleza) no es lo mismo que incluir nuevos niveles de conciencia. Por ejemplo, en este factor radica la diferencia entre la astrología antigua y la astrología moderna. Cuando la astrología se entiende como una herramienta para conocer el futuro, deja de ser un movimiento sincronístico y se convierte en un conocimiento medieval, en una mera proyección de nuestras potencias internas, en dioses maléficos o benefactores a los cuales debemos elevar nuestras plegarias. La astrología con orientación espiritual o psicológica es dinámica y creativa porque la ampliación de perspectiva y el enfoque simbólico de la realidad logran despejar la niebla de las ilusiones y provocar profundos cambios en nosotros.

  ¿Qué es el factor desconocido?

“Hay más cosas entre el cielo y la tierra, que las que sospecha tu filosofía.”[2] 

Marie Louise Von Franz en su libro “Sobre adivinación y sincronicidad” comenta que antiguamente  la adivinación siempre se practicaba en las iglesias con el fin de descubrir la “voluntad de Dios”. No obstante hoy en día esta costumbre se ha perdido, y muchos de quienes consultan los oráculos no lo hacen con fines espirituales sino con la intención de conocer su futuro. La mente causalista ha vencido sobre la conexión espiritual o sincronística. Así lo explica M. Louise Von Franz; “El pensamiento causal, por así decirlo, es lineal. Hay una secuencia de acontecimientos A, B, C, D; miras hacia atrás y te preguntas por qué D aparece a causa de C, porqué C aparece por B y por qué B se debe a A, al igual que algún tipo de acontecimiento interno o externo. Intentamos buscar en nuestra mente el origen de por qué han funcionado estos efectos coordinados.” [3]

Es decir, en el pensamiento causal existe una separación entre los hechos psíquicos y físicos. Contrariamente, los eventos sincronísticos refieren a un pensamiento acausal, en el cual ambos campos se encuentran unidos, pero ya no desde una perspectiva pre personal (como en la antigüedad) sino desde  una transpersonal. En el estadio pre personal como dice Jung; animales y plantas se conducen como hombres, los hombres son simultáneamente animales, y todo está animado con espectros y dioses. Por otro lado, en el estadio transpersonal, aunque se trata de una variante del pensamiento primitivo (falacia pre-trans), se logra alcanzar un nuevo nivel de conciencia que incluye y a la vez supera al estadio personal o del Yo. En el estadio transpersonal no solo se anula la  participation mystique (participación mística) sino además se supera la idea de separatividad (el centro de la personalidad no es más el yo) Por ejemplo, “para esta forma de pensar sincrónica, (…) es esencial observar las dos áreas de la realidad, la física y la psíquica, y observar que en el momento en que se tuvieron éstos y aquellos pensamientos o tales y cuales sueños —que serían los acontecimientos psicológicos— sucedió tal y cual cosa en el plano físico, es decir, había una serie de acontecimientos físicos y psíquicos.” [4] Desde esta concepción, los planetas ya no se vivencian como fuerzas exteriores, sino como un reflejo cósmico de lo que sucede aquí en la tierra.

El factor desconocido en la astrología

“Más veces descubrimos nuestra sabiduría con nuestros disparates que con nuestra ilustración.” [5]

Uno de los planetas que habitan la esfera astrológica es Urano. Este se encuentra más allá de la órbita de Saturno, antiguo guardián del umbral, representante del tiempo y la materia. A diferencia de Saturno, Urano simboliza las partes inexploradas de nuestra naturaleza, lo que habita más allá de las fronteras del tiempo y el Yo. Se lo vincula al principio creativo del universo y nos impulsa a incluir cambios en la estructura vital para que esta se renueve. También se asocia a  las visiones, a los ideales y a la inteligencia universal, ya que mitológicamente era el señor de los cielos.  Surgen situaciones que sólo pueden resolverse desde una máxima espontaneidad, creatividad sin seguir ninguna pauta establecida.

En la actualidad y  desde hace ya un año Urano ha entrado en el signo de Aries. Esto significa que como humanidad hemos comenzado un nuevo ciclo con respecto a esta energía ya que se trata del primer signo del zodiaco y por lo tanto encarna la fuerza de lo nuevo, del inicio. Este proceso permite la separación, el desapego y la formación de un sentimiento de diferencia, singularidad e innovación. Ya lo hemos visto en las diferentes manifestaciones masivas que exhortan a la revolución y al cambio de las antiguas estructuras.   Al igual que la carta del Loco del Tarot, Urano en Aries nos enseña  a dar el primer paso para romper con las fronteras que nos quitaban libertad y a conducirnos por caminos desconocidos que quizás revelen su propósito mucho tiempo después.

En conclusión

¿Qué significa entonces prestar atención al factor desconocido?  Conectarse con la actitud religiosa, recordar que somos seres con alma y que ésta posee designios que se encuentran incluidos dentro de un plan mayor o transpersonal, muchas veces misterioso y desconocido para nosotros. Este tipo de pensamiento nos permite vivenciar la realidad de un modo más elevado en el cual nuestro mago interior se activa con el fin de colaborar  con nuestra evolución al comprender niveles de conciencia que se incluyen dentro del plano de lo transpersonal (en contraposición al estadio pre-personal o mágico). Como dijo algún filósofo oriental, lo único constante es el cambio. Y solo si estamos abiertos a él y no resistimos, logramos convertirnos en una vasija de arcilla a ser moldeada y luego completada con aquellas experiencias que nos son propias para nuestra evolución como seres humanos.

Nota publicada en la Revista Uno Mismo de Marzo 2013. Todos los derechos reservados. Autora Bárbara Levis Stewart. Prohibida su reproducción sin citar fuente y autor.

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