La alquimia del Ser

La psique es un sistema homeostático que tiende a compensar o a regularse, y el inconsciente no es meramente un reservorio de todo lo reprimido, también contiene todo nuestro potencial creativo, el oro alquímico, el lapis como lo denominaban los alquimistas. 

En muchos ámbitos, en especial los de psicología y espiritualidad, hoy en día se habla de la alquimia, un legado que transmitió Carl Jung luego de re descubrir y re elaborar este antiguo arte por largo tiempo olvidado. Quizás el trabajo de Jung y sus escritos han calado poco a poco en el inconsciente colectivo. Los términos introversión y extroversión por ejemplo, y el concepto “alquimizar” se encuentran en boca de muchos, demostrando quizás que los cambios profundos primero se gestan en el inconsciente y luego se manifiestan en la conciencia.

Jung re significó este complejo y misterioso arte traduciendo sus símbolos en términos psicológicos. Los textos, pero también las imágenes producto de la imaginación de los antiguos alquimistas lo asistieron en esta tarea. Aquí me propongo valerme de una imagen del Tarot para desarrollar y explicar el proceso de la alquimia del Ser.

En el Tarot de origen francés y también en el Tarot italiano, existe una carta denominada la Templanza, que en muchos de los mazos es la número catorce. Esta imagen alada sostiene en sus manos dos cántaros, uno de color azul y otro de color rojo. El agua circulando entre ellas nos recuerda a la alternancia entre la actividad conciente y la inconciente, o los opuestos en su danza;masculino-femenino, tristeza-alegría, placer-dolor, etc.

La cualidad del agua es la de adaptarse y tomar la forma de su recipiente. Sin embargo, si no consigue fluir de tanto en tanto, puede convertirse en agua estancada. Por otro lado, si no está debidamente contenida desborda cambiando su aspecto e incluso su color. En términos psicológicos, el agua como energía vital, prana, o libido como la entendía Jung, cuando no circula produce un desequilibrio enfermando el cuerpo y el alma. Esto sucede cuando nos identificamos unilateralmente con un polo, en detrimento del otro. Contrariamente, cuando fluye naturalmente oscilamos entre esas dualidades, y logramos de a poco templar o equilibrar estos opuestos, alcanzando una justa armonía en nosotros mismos y con el mundo que nos rodea.

Esta metáfora nos permite comprender que la psique es un sistema homeostático que tiende a compensar o a regularse, y el inconsciente no es meramente un reservorio de todo lo reprimido, también contiene todo nuestro potencial creativo, el oro alquímico, el lapis como lo denominaban los alquimistas. En este líquido sagrado se halla también aquello que podría elevarnos hacia otro estadio evolutivo; las alas de este personaje nos lo recuerdan.

¿Qué significa alquimizar los opuestos?

El ser humano, y la vida misma se hallan compuestos por polaridades. Tal como afirma el Kybalion; “El género existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; el género se manifiesta en todos los planos. En el plano físico es la sexualidad. Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse.”

Una manera de reconciliar los opuestos es la vía de los sueños. Estos nos permiten acceder al inconciente y obtener mayor información acerca de nuestra totalidad. Jung profesa gran respeto hacia ellos porque revelan la existencia de una sabiduría natural que tiende a la autorregulación de la psique y compensan una actitud conciente sobre todo cuando esta es limitada y parcial. Al igual que la imagen de la Templanza, trasvasan los contenidos del inconsciente a la conciencia exhibiendo algo que se halla oculto a nuestra mirada habitual y que deberíamos tomar en cuenta para adquirir un mayor equilibrio en nuestra vida.

Por su parte, Roberto Assagioli, psiquiatra italiano y coetáneo de Jung, a través de su teoría denominada Psicosíntesis, intenta mediante ciertos ejercicios de meditación lograr justamente la síntesis entre estos opuestos. En su propuesta identifica cuatro principios y métodos para equilibrar, tal como lo haría la Templanza, la tensión entre los polos.

1. Fusión de los polos, lo que implica, la neutralización de sus cargas yenergías

2. Creación de un ser nuevo, de una nueva realidad.

3. Ajuste de los polos opuestos por medio de un «centro intermediario» o principio más elevado que ambos.

4. Síntesis producida por un elemento o principio más elevado que transforma, sublima y reabsorbe los dos polos en una realidad superior.

Un ejemplo de polaridad es la del placer-dolor. Dice Assagioli; “Mientras seamos esclavos de esta dualidad, buscando siempre ansiosamente el placer y evitando temerosos el dolor, nunca encontraremos paz, o verdadera satisfacción. (…) Esta percepción trae aparejado el reconocimiento de que al aceptar el placer sin ansiar apegarnos a él, y al aceptar el dolor, cuando es él inevitable, sin temor y sin rebelarnos, se pueden obtener provechosas lecciones tanto del placer como del dolor, y «destilar la esencia» que ambos contienen.”1

La esencia de la Templanza y la meta final de la alquimia, acaso esté contenida en su número, el catorce. Al sumar el uno más el cuatro, obtenemos el cinco. En la numerología, el cinco simboliza el libre albedrío del ser humano, ya que se encuentra a medio camino en la serie de las cifras elementales (1-2- 3-4 5 6-7- 8-9). Es decir, simboliza un puente de unión entre materia y espíritu, un nivel de comprensión mayor acerca de los opuestos. Esta analogía la podemos hallar al mezclar el rojo (fuego, calor, actividad, pasión) y el azul (receptividad, intelecto, reflexión) de ambos cántaros, con un poco del agua circulante. El resultado sería el violeta, un color que simboliza la espiritualidad, la máxima sabiduría. Acaso esta sea la intención de la figura alada, alcanzar la quintaesencia. “Con esta palabra, los alquimistas designaban el elemento etéreo que vivifica el universo y la llave filosofal que opera sobre la transmutaciones físicas y espirituales. Como la vida misma, la quintaesencia incluye y armoniza en sí misma las diferentes polaridades que animan lo real (no es calor ni humedad, ni frío ni seco, ni femenino ni masculino), es incorruptible e inmutable. Su principal función es abrir el camino hacia la comunicación entre macrocosmos y microcosmos, garantizando la cadena de correspondencias entre las estrellas, los animales, minerales y plantas.” 2

Carl Jung denominó a este punto virtual que une o sintetiza los opuestos en cada persona, Sí mismo y lo definió como el hombre íntegro, la imagen arquetípica de la totalidad, una magnitud que comprende no sólo la psique consciente, sino también lo inconsciente. El Sí mismo es como un centro organizador y los griegos lo llamaron el daimon interior. “Pero este aspecto creativamente activo del núcleo psíquico puede entrar en juego solo cuando el ego se desentiende de toda finalidad intencionada y voluntaria (…)”3, es decir, cuando aceptamos lo desconocido en nosotros. Dice Jung; “Meditar sobre los propios sueños es volver a uno mismo. En el curso de estas reflexiones, la conciencia del yo no medita sólo sobre ella; se detiene en los datos objetivos del sueño como sobre una comunicación o un mensaje procedente del alma
inconsciente y única de la humanidad. Se medita sobre el Sí mismo y no sobre el yo (…)”4

En nuestra imagen, la flor de cinco pétalos en el centro de su cabellera evoca a los mandalas tibetanos y su relación con el Sí mismo. Mandala significa círculo sagrado en sánscrito. El círculo ha representado desde tiempos antiguos la forma perfecta que contiene a lo más puro e inalterable: Dios. es una representación simbólica que nos conecta con el sentimiento de totalidad por un lado, y lo sagrado de cada uno por otro, asistiéndonos así en nuestro proceso de individuación. Simboliza el retorno a la unidad (en oposición a la dualidad) y es un símbolo que se remite a la historia del hombre mismo.

Pero aunque esta flor notable y conspicua se exhiba en la frente, quizás no resulte tan evidente para muchos. Posiblemente se manifieste sólo a quienes deseen ampliar su visión más allá de la estrecha mirada del yo, porque únicamente los valientes de corazón y humildes de pensamiento consiguen transmutar y acceder a la piedra filosofal de su Ser. La quintaesencia, el Sí mismo o la joya final, acaso habiten como en la flor del loto, en las sumergidas raíces del alma, las cuales nos otorgan el don de emerger renacidos bajo un nuevo estadio de conciencia o realidad superior.

Nota publicada en la Revista Uno Mismo de Diciembre 2013. Todos los derechos reservados. Autora Bárbara Levis Stewart. Prohibida su reproducción sin citar fuente y autor.
1 Equilibrio y Síntesis de los opuestos. Roberto Assagioli
2 “Astrology, Magic and Alchemy in Art” The J. Paul Getty Museum.
3 El hombre y sus símbolos. Carl Gustav Jung.
4 Los complejos y el inconsciente. Carl Gustav Jung