El guerrero universal

 

La verdadera hazaña consiste en auto liberarse, nos dice la autora. Y es que el enemigo real siempre se encuentra dentro de cada uno.

El Primer gran Portal estaba abierto de par en par. Una voz llegó a través de ese portal: Hércules, hijo mío, sal. Pasa por el Portal y entra en el Camino. Realiza tu trabajo y vuelve a mí, relatando el hecho”. Así comienzan los trabajos de Hércules, el afamado héroe mitológico canalizado por Alice Bailey, escritora inglesa y practicante del esoterismo. Con la primera tarea, la del signo zodiacal de Aries, Hércules atraviesa el primer umbral. Detrás de él le espera su misión; la de capturar caballos salvajes y feroces yeguas que aniquilan a la población. “Captura estas yeguas y detén estos actos malvados”, fue la orden que llegó a los oídos de Hércules. “Ve, libera esta tierra lejana y a los que viven en ella”. (Alice Bailey, Los trabajos de Hércules). El pueblo se encontraba sometido y las bestias debían ser domadas.

La guerra con las bestias

La imagen de Hércules transitando la prueba de Aries pone al descubierto las características de este signo, el impulso animal e instintivo-representado por los caballos y yeguas feroces-, violencia, intrepidez, valor, osadía y su fin elevado, el de liberarse de la coacción de las fuerzas arcaicas que dominan la psique (el paso del signo de Piscis hacia el signo de Aries). El guerrero -como figura mitológica- sin embargo, suele estar caracterizado únicamente por sus aspectos inferiores. Y esta historia no es la excepción; Hércules fue demasiado arrogante, confiado, y aunque cumplió con su misión, su maestro no aprobó del todo su tarea. Durante la prueba, Hércules le dio la espalda a su ayudante, y éste finalmente murió aplastado por los animales.

La guerra con uno mismo

En muchos mitos se ha caracterizado al guerrero desafiando las fuerzas del mal, luchando contra monstruos, dragones y tiranos. Estas imágenes personifican la sombra, o aquellas fuerzas arquetípicas que podrían devorar al guerrero. En los relatos mitológicos así como en la canalización de Alice Bailey, el guerrero aún no es consciente de ello y por eso proyecta su propia invalidez. La población que se encuentra en una situación de debilidad, simboliza ni más ni menos que su inconsciencia.

En los tiempos de la Roma antigua, señala el mito, cada vez que el Estado entraba en guerra, el sumo sacerdote del culto a Marte sacudía las lanzas, diciendo ¡Mars vigila! (¡Despierta, Marte!). Cuentan que si las lanzas se movían tras dejarlas en su sitio, esto se interpretaba como un mal presagio, y se realizaban multitud de sacrificios para aplacar al dios. Esta historia constituye una metáfora de cuan vigilantes y despiertos debemos permanecer frente a nuestras exageraciones o formas de reacción desproporcionada (otro signo de proyección).

Pero Marte también es el impulsor que puede liberarnos del estado de automatismo. Una vez que se agota la energía por repetición, el guerrero descubre que el verdadero enemigo está dentro de sí mismo, porque como dice Alice Bailey en su libro Los trabajos de Hércules, “ha aprendido por experiencia algo de su propia dualidad esencial, anhela dejar de satisfacer el aspecto inferior de esta dualidad y está empezando a responder a los impulsos que vienen del mundo de las almas”. Toda evolución así lo requiere cuando se ve impelida a funcionar de modo autónomo y libre, de acuerdo a la propia esencia; incluso en la naturaleza.

El hombre moderno no obstante, no solo continúa batallando con su propio inconsciente, además ha disciplinado sus instintos a tal punto que se cree muy alejado de ellos. Tal como expone Carl Jung en su libro Energética psíquica y esencia del sueño: “A causa de nuestra artificiosa manera de razonar, puede parecemos que no hemos obrado por instinto, sino por motivación consciente. (…) Se ha logrado, por cierto, envolver una gran cantidad de instintos en argumentos y propósitos racionales”. Justamente se trata de un proceso inconsciente, que transcurre sin intervención de la razón y por ello bajo el poder o hechizo de estas imágenes primordiales no existe posibilidad alguna de autonomía.

La liberación

Desde tiempos remotos, con el advenimiento del Budismo y la práctica de la meditación, y posteriormente con el estudio de la mente y el inconsciente, ciertos autores e investigadores del alma humana han llegado a la misma conclusión; lograr cierta autonomía como seres humanos, y evolucionar en términos espirituales, implica mantenernos atentos, lúcidos y observadores. Nuestro guerrero interior debe adquirir disciplina y maestría. Para ello es imprescindible implicar todos nuestros sentidos, vigilando tanto a los estímulos o eventos externos como así como los internos (emociones, impresiones, etc.) con una visión desapegada y el suficiente tiempo como para que se torne en un acto consciente. Dice Roberto Assagiolli, (pionero de la psicología transpersonal y creador de la psicosíntesis), en su libro El acto de la voluntad: “la voluntad debe intervenir para dirigir, regular y usar las funciones sensoriales sacando de ellas la mayor ventaja posible” y (…) “la atención y la concentración, que son funciones específicas de la voluntad, deben ser ejercitadas y reforzadas”. Esta es la voluntad, de un “Yo superior”, que cual director de orquesta dirige a todos los músicos intervinientes en la ejecución de una obra. Aunque al principio esto resulta muy cansador como cuando nos encontramos aprendiendo a manejar un automóvil, luego se torna en algo que no requiere tanto esfuerzo.

De este modo, la energía empieza a fluir más armoniosamente. La lucha cesa porque el mundo externo y el interno ya no son dos opuestos en pugna. Las causas se transforman en medios para un fin, en expresiones simbólicas de un camino a recorrer, como sostiene Carl Jung. Nuestro guerrero interior aprende a dirigir sus fuerzas en función de la experiencia de la unidad, logrando conectar la voluntad personal con la voluntad transpersonal. En conclusión, surge la vivencia del guerrero universal, porque se ha comprendido que la verdadera hazaña consiste primero en auto liberarse, para luego rescatar a otros en su camino.

Nota publicada en la Revista Uno Mismo de Marzo 2018. Todos los derechos reservados.
Autora Bárbara Levis Stewart. Prohibida su reproducción sin citar fuente y autor.