El proceso de individuación

“A partir de una crisis profunda podemos hallar la llave de nuestro mandala astrológico”, sostiene la autora. Y nos muestra analogías que ayudan a comprender por qué “en la más profunda desolación nace la nueva personalidad”.

En la antigüedad, el hombre observó el cielo y con su imaginación transformó a este espacio desconocido en un telón de fondo, en el cual proyectó todos los productos de la historia del alma humana. Según escribe Carl Jung en Psicología y Alquimia, “todo lo desconocido y vacío se consuma por medio de la proyección psicológica: es como si se reflejara en la oscuridad el fondo del alma del observador”.

Y esto fue lo que sucedió; el hombre vio en la bóveda celeste y sus constelaciones, el campo intermedio entre el espíritu y la materia, la zona de penumbra, el recipiente adecuado en el cual proyectar sus contenidos inconscientes, tal como lo hicieran luego los alquimistas en la edad media.

Existe una fuerza en el símbolo del círculo de la carta natal, al igual que en la bóveda celeste, que se encuentra ligada a lo indivisible, a lo continuo. El zodíaco nos induce a mirar totalidades, es decir nos encontramos en un movimiento circular que nos obliga a abarcarlo en su conjunto. Del mismo modo, el mandala astrológico es en esencia perfecto
y no contiene dualidades ni contradicciones, aunque al tomar contacto con la materia se escinde creando numerosos complejos. Pero lo que desconocemos, es que la llave sigue estando contenida en él. A partir de una crisis profunda que precipite el proceso de individuación, hallamos esta llave (la posibilidad de alquimizar). Durante esta etapa, descubrimos que el papel de la conciencia es relativo y esta vivencia nos conduce a ampliar nuestra visión de nosotros mismos posibilitando luego el desarrollo de las diferentes partes excluidas de la personalidad.

La carta natal

Los planetas son arquetipos, funciones colectivas, pero nuestra reacción frente a cada uno deriva en primera medida de la historia personal; los valores intelectuales, éticos y morales provenientes de la educación y la cultura. Por lo general, dice Carl Jung, esto prima sobre un conocimiento y orden superior que no es ni más ni menos que la estructura inconsciente. Sin embargo, tarde o temprano el individuo se ve confrontado con su sombra. Por ejemplo, el inconsciente puede conocer la presencia de Urano durante su tránsito, pero la consciencia muchas veces aletargada, accede a él solo a través de proyecciones, golpes de destino y en el mejor de los casos a través de los sueños. Entonces, el encuentro de Urano con nuestro Sol, depende de nuestra relación o distancia interna con el propio Urano. No se trata de una fuerza externa, sino muy por el contrario de aquello que precisa experimentar nuestro Ser. Analizar los sueños nos permite avizorar en qué dirección opera esa llave o centro integrador llamado Sí Mismo, con respecto a la dinámica simbólica planetaria y a la totalidad del mandala astrológico.

Asimismo, los tránsitos por sí solos no indican el modo en el cual la persona los elaborará, es decir, no es posible discernir a-priori si ellos activarán los símbolos de individuación en la persona. No obstante, sí podemos estar seguros que los planetas transpersonales, así como Saturno, -asociado al plomo en la alquimia y a la etapa inicial de la gran obra, conocida como nigredo- movilizan toda la estructura psíquica.

Saturno pone límite a nuestros deseos infantiles con el fin de adquirir un mayor grado de madurez y solidez interna. Neptuno disuelve las fronteras del Yo y Plutón aniquila aquello que ya no sirve para nuestra evolución. Urano por su lado colabora en el encuentro misterioso con lo individual, con lo que hay de singular y creativo en nosotros. Experimentar por lo tanto estas energías arquetípicas, es una oportunidad para que el Ser evolucione en pos de una personalidad más madura e individuada.

Psicológicamente esto implica dos posibles movimientos:

1. Una resistencia ante el enorme caudal de energía desestabilizadora -en el caso de los transpersonales- y limitante -en el caso de Saturno-. En esta coyuntura, la persona lucha contra el propio destino sin llegar a aproximarse al núcleo central. Esta situación promueve sueños o símbolos altamente compensatorios para estabilizar en forma homeostática el desequilibrio entre máscara / sombra.

2. Una entrega al movimiento que propone el propio destino. En este caso se activan símbolos numinosos relativos a la individuación que acercan a la persona a su núcleo interno.

Muchas veces durante el proceso de individuación, los símbolos activados en los sueños poseen una fuerza arquetípica que al igual que los eventos sincrónisticos develan el importante proceso de transformación. Analia Jaffé, discípula de Carl Jung, dice en The Myth of meaning que los fenómenos de sincronicidad suelen darse cuando uno se encuentra cerca de un acontecimiento arquetípico, como la muerte, un peligro mortal, crisis, etc. En este sentido, los tres planetas transpersonales pueden operar como vehículos de transformación y cambio, promoviendo la producción de los símbolos relativos al proceso de individuación.

Astrología y alquimia

Astrología y alquimia, tiempo atrás se encontraban unidas y desde el punto de vista psicológico lo siguen estando. En un texto alquímico, el escritor Zósimo, revela que todo el funcionamiento alquímico depende del kairos o kairikai baphai. “Su teoría es que los procesos químicos no siempre suceden por sí solos, sino sólo en el momento astrológicamente adecuado; esto es, si estoy trabajando con plata, la luna —que es el planeta de la plata— debe estar en la posición adecuada, y si estoy trabajando con cobre, Venus tiene que estar en determinada constelación porque si no estas operaciones con plata y cobre no darían resultado.”, explica Marie Louis Von Franz, en Alquimia. Introducción al simbolismo. La astrología moderna expone un postulado muy parecido al alquímico, el de la analogía, la proyección y la circulatio (el simbolismo del tiempo). Los planetas son análogos a los elementos a alquimizar y la proyección se realiza al igual que en el procedimiento alquímico, cuando a través de la circulatio, se produce un tránsito que se constela en la psique y luego toma forma en la materia. Otro punto análogo a señalar es el que el proceso de individuación solo se torna real cuando se expresa en las acciones de la persona en el espacio y en el tiempo. Esto implica responder a la totalidad del mandala en reposo y también a su circulación acompañando su movimiento. Como señala Marie Louis Von Franz en la obra citada: “(…) la piedra filosofal tiene que pasar por el invierno, la primavera, el verano y el otoño, o que tiene que recorrer todas las horas del día y de la noche. Tiene que circular a través de todas las cualidades y de todos los elementos, o tiene que ir desde la tierra al cielo y después volver a la tierra”.

En conclusión podríamos inferir que la llave, o la piedra filosofal de los alquimistas, se halla en la totalidad del mandala astrológico. Se trata de un centro que en tanto piedra es incorruptible aunque nunca es estático, ya que los tránsitos planetarios activan el mandala haciendo circular la energía por sus diferentes partes. En este sentido, lo que alguna vez fue verdadero, ahora puede ser falso, o viceversa. Esta idea alquímica es comprensible desde el punto de vista astrológico cuando sincronizamos nuestro interior con el movimiento de los astros. En la alquimia, la conversión del plomo en oro es el producto final de la gran obra, el símbolo de la unión entre espíritu y materia. El concepto de Jung de individuación es equivalente a la obtención del lapis philosophorum (la piedra filosofal). Para llegar a ella a nivel psicológico, es necesario combinar lo consciente (Sol) con lo inconsciente (Luna), para en última instancia tocar aquello que está más allá de ambos. Por este motivo la coniunctio, -unión de los opuestos- se produce simbólicamente, durante la luna nueva, es decir en la más oscuras de las noches, o en contacto con lo más profundo de nosotros mismos. En la más profunda desolación nace la nueva personalidad. Cuando en su eterno ciclo, por un momento parece detenerse, es precisamente durante esa oscuridad y en ese vacío que el Ser no tiene otra alternativa que mirar hacia adentro.

Nota publicada en la Revista Uno Mismo de Junio 2018. Todos los derechos reservados.
Autora Bárbara Levis Stewart. Prohibida su reproducción sin citar fuente y autor.